2. Dormir muy poco (o demasiado).
La ciencia es clara: dormir menos de 5 o 6 horas o más de 9 horas de forma regular se correlaciona con un mayor riesgo de sufrir un derrame cerebral. Dormir poco aumenta la presión arterial, mientras que dormir demasiado puede ser señal de problemas subyacentes como la inactividad física o una mala calidad del sueño.
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La relación: Dormir de forma estable entre 7 y 8 horas favorece una buena circulación sanguínea. Cualquier desviación prolongada genera tensión cardiovascular.
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Para una mayor duración del sueño:
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Mantén horarios regulares para acostarte y levantarte, incluso los fines de semana.
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Crea un ambiente propicio: una habitación fresca, oscura y silenciosa.
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Adopte un ritual relajante, como tomar una infusión de hierbas o practicar la respiración profunda.
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