Cinco hábitos nocturnos que podrían aumentar el riesgo de sufrir un derrame cerebral, y formas sencillas de protegerse.

Por qué tus hábitos nocturnos importan más de lo que crees

Mientras duermes, tu cuerpo realiza un trabajo de reparación crucial. Regula la presión arterial, equilibra las hormonas y elimina los desechos metabólicos del cerebro. Cuando tus rutinas interfieren con este descanso reparador o ejercen presión sobre tu corazón y vasos sanguíneos, el daño se acumula. Los estudios demuestran que los trastornos del sueño —ya sean por falta o por exceso de horas de sueño, por una mala calidad del descanso o por problemas respiratorios— se asocian con una mayor probabilidad de sufrir un accidente cerebrovascular.

Comprender estas conexiones te permite tomar decisiones más saludables. Aquí te presentamos algunos comportamientos a tener en cuenta y ajustes sencillos para ayudarte a mantener tu salud.

1. Usar el teléfono o la tableta justo antes de acostarse a dormir.

Esa sesión nocturna en Instagram o Netflix puede parecer relajante, pero la luz azul que emiten las pantallas bloquea la producción de melatonina. Esto dificulta conciliar el sueño e impide alcanzar un sueño profundo. El sueño fragmentado contribuye a la hipertensión y la inflamación, dos importantes factores de riesgo de accidente cerebrovascular.

  • El impacto: La exposición a las pantallas mantiene el cerebro en estado de alerta en un momento en que debería estar relajándose, lo que resulta en una mala calidad del sueño.

  • Consejos prácticos:

    • Establece un “toque de queda digital” al menos 1 hora antes de irte a dormir.

    • Active el modo nocturno o los filtros de luz azul si es absolutamente necesario.

    • Sustituye el desplazamiento por la pantalla por la lectura de un libro en papel o por hacer estiramientos suaves.

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