Incluso un ligero contacto, o la rotura accidental de sus diminutas espinas, puede desencadenar reacciones graves, como desmayos, hemorragias internas y, en casos extremos, la muerte.
Los niños, los ancianos y las personas con sistemas inmunitarios debilitados corren un riesgo especial.
Por suerte, mi marido reaccionó con rapidez y evitó un desastre. Nos pusimos en contacto de inmediato con las autoridades medioambientales, que respondieron con prontitud, retiraron cuidadosamente las orugas y colocaron una señal de advertencia en el árbol para proteger a los demás.