
Vitaminas y minerales que marcan la diferencia
Dentro de los alimentos naturales hay verdaderos tesoros nutricionales para la fertilidad. El zinc, presente en semillas de calabaza, nueces y legumbres, es clave para la producción de esperma y la ovulación. El hierro, que encontramos en las espinacas, lentejas o carnes magras, es fundamental para prevenir la anemia y favorecer la correcta oxigenación de los tejidos reproductivos. El ácido fólico, quizás el más famoso en este ámbito, está en verduras de hojas verdes, aguacate y legumbres, y su consumo antes y durante el embarazo disminuye el riesgo de malformaciones en el bebé.
El magnesio, muchas veces olvidado, ayuda a reducir el estrés y mejora la función muscular, incluyendo la de los órganos reproductivos. Por otro lado, la vitamina E, presente en semillas y aceites naturales como el de girasol o almendras, actúa como antioxidante y protege la salud de los óvulos y espermatozoides.