1. Equilibrio hormonal natural
Las hormonas regulan prácticamente todo en nuestro sistema reproductivo, y su producción está muy ligada a lo que comemos. Por ejemplo, el consumo adecuado de grasas saludables, como las que encontramos en el aguacate, el aceite de oliva, las nueces o el salmón, ayuda a la síntesis de estrógeno y progesterona en las mujeres, y de testosterona en los hombres. Al evitar grasas trans y aceites refinados, reducimos el riesgo de desbalances hormonales que pueden afectar la ovulación o la producción de esperma.
2. Mayor calidad de óvulos y espermatozoides
Las células reproductivas son muy sensibles al daño oxidativo, que es provocado por radicales libres. Una dieta rica en antioxidantes como la vitamina C (cítricos, fresas, kiwi), la vitamina E (almendras, semillas de girasol) y el zinc (legumbres, semillas de calabaza, carne magra) ayuda a proteger y mejorar la calidad tanto de los óvulos como de los espermatozoides. Esto se traduce en mayores probabilidades de fertilización y desarrollo embrionario saludable.
