Algo no estaba bien
—Claudia, no deberías aparecerte así —dijo Camila con voz dulce—. No es sano.
Miré el suéter.
Luego su cara.
—Quítate eso.
Se rió.
—¿Perdón?
Julián se acercó.
—Estás cansada. Vete a casa antes de hacer el ridículo.
Ese tono…
Ese que usan algunos hombres cuando creen que una mujer ya no representa ningún peligro.
Yo lo había escuchado durante más de 30 años en tribunales.
—Quiero ver a Valentina.
—No puedes —respondió seco—. Se fue. Y no quiere que sepas dónde.
—Muéstrame el mensaje.
—Lo borré.
Conveniente.
—Bájate de mi casa —ordenó.
Di un paso atrás.
Fingí rendirme.
Pero cuando me giré hacia el auto…
Lo escuché.
El sonido que lo cambió todo
