En 2025, la casa de Richard vuelve a estar llena de vida. Las nueve hermanas, junto a sus hijos y nietos, se sientan alrededor de una gran mesa. El aire se llena de risas, anécdotas y miradas cómplices.
En un rincón, Richard, con el cabello blanco y la voz ya cansada, contempla en silencio. Una de sus nietas se acomoda en su regazo y le pide:
—“Abuelo, contame la historia de cómo empezó todo.”
Él sonríe, acaricia su cabello y comienza una vez más:
“Había una vez un hombre que, una noche de tormenta, escuchó nueve corazones esperando un hogar…”
Y así, con ternura y gratitud, la promesa de Anne sigue viva.
Porque un corazón, cuando ama de verdad, puede latir por muchos más.