Pero todo había cambiado. Porque ahora Sam ya no era el niño que se había quedado atrás.
Y Leo… no era el único al que le importaba.
Él fue quien actuó.
Esa noche, me detuve en el pasillo antes de irme a la cama.
La puerta de Leo estaba entreabierta. Ya estaba dormido.
El parche estaba sobre su escritorio.
Y me di cuenta de algo que se instaló en lo más profundo de mi pecho.
No siempre puedes elegir por lo que pasa tu hijo.
Pero a veces… llegas a ver exactamente en quiénes se están convirtiendo.
Y cuando lo haces, te quedas ahí, en silencio, agradecido de que no se hayan marchado cuando más importaba.