Otro motivo habitual es la acumulación de grasa abdominal, que puede intensificarse después de las variaciones hormonales propias del embarazo. La parte inferior del abdomen es una región donde el cuerpo tiende de manera natural a almacenar tejido graso, y esto puede acentuar el volumen del pliegue.
A su vez, la cicatrización interna después de la cirugía contribuye al efecto. Cuando las capas profundas del abdomen se están reparando, pueden generarse retracciones o adherencias internas que modifican la forma en que cae la piel. Esto no implica una complicación, pero sí influye en la apariencia externa.
También interviene la retención de líquidos, común en los primeros meses del posparto. La inflamación del abdomen puede hacer que el pliegue se vea más marcado, aunque con el tiempo, a medida que la hinchazón disminuye, el aspecto suele mejorar de manera natural.
Los factores genéticos completan el panorama. Características como la elasticidad cutánea, la forma del cuerpo o la tendencia a desarrollar piel laxa influyen en que este “colgajo” sea más o menos evidente.
A pesar de su frecuencia, existen alternativas para atenuarlo. Una de las más recomendadas es mantener una alimentación equilibrada y una rutina de actividad física adaptada al posparto, siempre con supervisión profesional. Ejercicios de bajo impacto, caminatas y prácticas que activen los músculos profundos pueden contribuir a mejorar la tonicidad del abdomen.